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Ciclismo y feminismos: la bici como herramienta histórica de empoderamiento

Actualizado: 2 feb 2024



Sí, yo me muevo, vivo, me equivoco;

agua que corre y se entremezcla, siento

el vértigo feroz del movimiento:

huelo las selvas, tierra nueva toco.

ALFONSINA STORNI


La bicicleta hizo más por emancipar a la mujer

que cualquier otra cosa en el mundo.

Le dio a la mujer un sentimiento de libertad e independencia.

Me levanto y regocijo cada vez que veo paseando a una mujer en bicicleta.

SUSAN B. ANTHONY, 1896



Todes sabemos que no existe un único feminismo: los feminismos son heterogéneos como son heterogéneas las/lxs sujetas/xs de los feminismos. Igualmente, se podría decir que entre éstos existen dos puntos de consenso: (1) que el género es un organizador clave de la vida social, y (2) que es necesaria la acción para hacer más equitativo ese orden social (Blázquez Graf, 2010). Así, aunque nos pueda parecer raro, la bicicleta está inscrita en la historia de los feminismos como una herramienta que incidió en ese segundo punto, destruyendo mitos sobre la salud femenina y mandatos sociales sobre la buena conducta y el rol de las mujeres cis [1] en los espacios públicos.


La inquietud exploratoria y el espíritu de aventura en las mujeres


Un argumento que se suele oír con frecuencia cuando se trata de desmerecer la lucha feminista es el que sostiene que los hombres también sufren a causa de su género. Se argumenta que las mujeres no tenemos que ir a la guerra ni hacer labores pesadas, ni se nos demanda socialmente -por lo menos no al mismo nivel que a los varones- proveer económicamente a la familia. Y esto, de alguna forma, es cierto. Sin embargo, el error de este argumento es dar por sentado que la lucha feminista no contempla esta desigualdad. Por el contrario, desde los feminismos se ha criticado históricamente la división de los trabajos por género y la construcción de una masculinidad enfocada en la provisión económica y en la fuerza de producción. En contra de lo que sostiene este planteo, las feministas abogamos por la deconstrucción de estos roles que perjudican a todos los géneros.


First the bicycle, next the vote.

Sin embargo -y a riesgo de ser malinterpretada- Simone De Beauvoir en El segundo sexo (2016) sostendrá una postura particularmente diferente: afirmará que la peor maldición que pesa sobre la mujer es la de hallarse excluida de las expediciones guerreras. No es dando la vida, sino arriesgando su propia vida como el hombre (el varón) afirma su valor supremo, su Humanidad (De Beauvoir, 2016). Esta posibilidad, afirma De Beauvoir, le ha sido históricamente negada a la mujer y, por lo tanto, «las mujeres más que los hombres sienten la necesidad de un cielo (en el sentido espiritual) encima de sus cabezas; no se les es dado el temple que hace a los aventureros (…), vacilan en poner patas para arriba al mundo, así como en tomarlo por su cuenta.» (De Beauvoir, 2016).


Es justamente en ese sentido que esboza De Beauvoir que se vuelve tan necesario para la mujer desarrollar un espíritu de aventura, de ansia exploratoria, de investigación. La aspiración de De Beauvoir es que podamos entender que para comprendernos humanas las mujeres también hemos necesitado de proyectos de vida superadores, sean estos del tipo que sean. Todo esto, es consecuente con la filosofía existencialista que defendía la autora. En este aspecto podríamos decir que entra -entre otras disciplinas- el ciclismo, ocupando un rol histórico importantísimo en la construcción de nuevos proyectos e identidades femeninas.


Alfonsina Strada

Actualmente, la persona más rápida sobre una bicicleta es una mujer. La ciclista estadounidense Denise Mueller-Korenek, alcanzó una velocidad promedio de 296 km/h en el salar de Bonneville, Utah, EE.UU, el 16 de septiembre del 2018. Rompiendo, de esta forma, todos los récords alcanzados hasta el momento. Sin embargo, para llegar a este punto, el ciclismo femenino tuvo que atravesar una incontable cantidad de obstáculos socioculturales. Para ello, fue necesario que Annie “Londonderry” (1870-1947) recorriera el mundo en bici a finales del siglo XIX, cuando era impensado que una mujer tuviera cierta independencia ni mucho menos que se valiera por sí misma para realizar un viaje de tal magnitud. También fue necesario que Alfonsina Strada (1891-1959) disputara la participación femenina en diferentes carreras en las que sólo podían competir hombres. En el Giro d’ Italia, por ejemplo, noventa ciclistas masculinos y Alfonsina iniciaron en Milán, y solo treinta completaron la carrera. Entre ellos, estuvo Alfonsina. Pero la historia del ciclismo femenino -como la historia de cualquier disciplina- no descansa sobre los hombros de unas pocas referentes, sino que responde al esfuerzo colectivo de todo un movimiento de mujeres que halló en la bicicleta una herramienta de emancipación, y que a muchas les permitiría desarrollar ese espíritu de aventura que Simone De Beauvoir encontraba tan necesario.



Denise Mueller-Korenek, la persona más rápida en una bicicleta.

La bici como herramienta de empoderamiento feminista:

breves notas históricas


Por lo general, damos por sentado que las herramientas, las técnicas y las ciencias están desligadas de su contexto histórico. Solemos pensar que son elementos neutrales que no tienen cargas socioculturales. Sin embargo, esto dista mucho de la realidad. Ejemplo de esto son la historia del surgimiento del movimiento feminista y la historia de la popularización de la bicicleta, las cuales están intrínsecamente ligadas. La bicicleta aparece en la lucha feminista por el derecho al voto, al acceso a la vía pública, a la elección de una vestimenta cómoda y, por sobre todas las cosas, al derecho a decidir cómo se comporta una mujer. Como diría Susan Anthony, la bicicleta fue la herramienta que dotó a la mujer de principios del siglo XX de una autonomía y libertad desconocidas por nuestro género hasta ese entonces.


Las mujeres comenzaron a usar la bicicleta en Europa a mediados del siglo XIX. Fue también en esta época en la cual apareció el movimiento sufragista, la primera ola del movimiento feminista, llevada a cabo principalmente por mujeres blancas y de clase alta. Como dijimos, éstas organizaron su lucha en torno al derecho al voto. La sociedad que vio nacer a este movimiento, “se enmarcó en ciertas estructuras de poder para la promoción y mantenimiento de la producción del capital, como es la división sexual del trabajo, la medicalización en conjunto con las políticas de higienismo para el control de los cuerpos proletarios, el control y confinamiento de los marginados sociales como los ‘locos, enfermos y criminales', la prohibición y enjuiciamiento de la libertad sexual mediante normas morales dictadas por la iglesia, entre otros. De manera que se ejerció dominio a nivel sanitario, penal y sexual sobre los cuerpos” (Legnani). Sin embargo, a pesar de este contexto, a principios del siglo XX las sufragistas británicas repartían folletos a favor del voto femenino a bordo de bicicletas, recuerda la historiadora y escritora española Pilar Tejera en Reinas de la Carretera.



Como cabía esperar en tal contexto, andar en bicicleta era considerada una actividad específicamente masculina. Desde la medicina de la época se decía que el ciclismo era un deporte perjudicial para la salud de las mujeres puesto que podría causarles esterilidad, excitación sexual o diferentes tipos de trastornos nerviosos [2]. Ni hace falta mencionar que el organismo de la mujer era plasmado por estos discursos como extremadamente débil para la utilización de este tipo de herramientas. Mucho menos era deseable este comportamiento si prestamos atención a los manuales de conducta femenina del momento, en los cuales se instaba a que las mujeres no llamaran la atención en la vía pública, no movieran los brazos muy lejos del cuerpo, ni levantaran la voz. De esta manera, que una mujer anduviese en bicicleta era visto como un acto de rebeldía y osadía inaceptable. En 1891 la corresponsal del Chicago Tribune diría: “antes pensaba que lo peor que podía hacer una mujer era fumar, pero he cambiado de idea. Lo peor que he visto en mi vida es una mujer montando en bicicleta”.


La mujer que andaba en bicicleta rompía las reglas establecidas sobre el comportamiento femenino y se convertía en una persona de dudosa moral. No sólo esto, sino que aquellas mujeres que desafiaban los prejuicios de la época al respecto, tuvieron que reinventar la vestimenta femenina, compuesta por pesados vestidos y apretados corsés con los cuales era impensable subirse a una bici. Así, aparecieron los bloomers, unos pantalones muy anchos pero que, por lo menos, eran más cómodos que la ropa femenina de la burguesía del momento. Sin embargo, cuando algunas mujeres se atrevieron a vestirlos, el escándalo fue aún mayor.


De todos modos, con el tiempo, la imagen de la mujer en bicicleta fue dejando de ser extraña y/u ofensiva. Cada vez más baratas, las bicicletas se popularizaron y empezaron a ser utilizadas por la clase trabajadora. Surgieron, a la vez, multitud de clubes femeninos que ofrecían la oportunidad de viajar en compañía y evitar así el acoso callejero. Al mismo tiempo, la publicidad comenzó a presentar al ciclismo como una actividad respetable. Y con el cambio de la perspectiva social, vino el cambio de la perspectiva científica: los médicos empezaron a recomendar el ciclismo a las mujeres.


Otra vez, como había sucedido y habría de suceder tantas veces en la historia, las mujeres deconstruyeron prejuicios sobre su género, mostraron que efectivamente podían y nos regalaron a las nuevas generaciones de mujeres el derecho al acceso al deporte más hermoso: el ciclismo. A su vez, el ciclismo les regaló -y nos regala todavía- la sensación de libertad y el ansia aventura que nos habían sido privadas mientras se nos relegaba a la esfera minúscula del hogar.


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Notas

[1] De ahora en adelante, cada vez que utilicemos el término "mujer" será para hacer referencia especialmente a las mujeres cis.

[2] Véase en este caso a cómo la ciencia desarrollaba discursos convenientes para el momento histórico. Para entender cómo el contenido científico está ligado a determinados contextos históricos, ver Donna Haraway, El patriarcado del osito Teddy. Taxidermia en el Jardín del Edén.


Fuentes y bibliografía


Blazquez Graf, Norma., Epistemologías feministas: temas centrales en Investigación feminista: epistemología, metodología y representaciones sociales, CLACSO, 2010.

De Beauvoir, Simone., El segundo sexo, Penguin Random House Grupo Editorial, S.A., 2016 (1949).

De Beauvoir, Simone., La plenitud de la vida, Penguin Random House Grupo Editorial, S.A., 2016 (1960).

Legnani. Eloísa Almagro., Mujeres en movimiento: ¿Es la bicicleta una herramienta para su emancipación?, Monografía final de grado, Universidad de la República de Uruguay, Septiembre 2020.


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